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El sueño Bostezos

¿Por qué bostezamos?

16/05/2014

Seguro que al leer la pregunta que encabeza hoy nuestro post, pensáis que la respuesta está  muy clara: bostezamos cuando no hemos dormido bien  tras una noche de insomnio o mientras vemos, leemos o escuchamos algo que nos resulta aburrido.

Pero si pensáis un poco más, veréis que que aunque todos  sabemos cuándo nos pasa,  el por qué detrás de un acto tan humano como bostezar no está tan claro como parece. Hay muchas teorías en torno al origen del bostezo y aunque parezca difícil de creer, la razón concreta aún no es del todo conocida. Y eso que en un solo día podemos bostezar más de 8 veces!

Una de las primeras explicaciones sobre el por qué de los bostezos vino de la mano, ni más ni menos, que de Hipócrates. Según el padre de la medicina, cuando bostezamos aportamos un extra de “aire  bueno” mientras expulsamos  el malo. Y aunque parezca una idea demasiado simple, lo cierto es que  es la base de la creencia dominante de que los bostezos proporcionan un extra de oxígeno (para ganar energía) mientras facilitan la expulsión del dióxido de carbono.  Aunque la teoría parece lógica, diversas investigaciones han puesto en cuestión esta idea, ya que los deportistas -con mayor gasto energético durante la práctica deportiva- o personas con problemas de respiración, que podrían necesitar un aporte de oxígeno mayor, no bostezan más que una persona con circunstancias normales. Bostezar,  por tanto, sigue siendo un pequeño misterio de la ciencia. 

Aunque la comunidad médica no ha encontrado una explicación definitiva, otra de las teorías con más apoyos es la que defiende que bostezamos para “enfriar el cerebro”. Es decir, que cuando la temperatura de nuestro cerebro aumenta, un bostezo actúa como refrigerante. La temperatura  de nuestro cerebro aumenta cuando estamos cansados o aburridos -además de en otras circunstancias como algunas infecciones o en un ambiente demasiado caluroso. Así, el bostezo sería una método más de termorregulación de nuestro cuerpo, como lo es, a otros niveles, sudar. En cuanto a la asociación con el sueño, os habréis fijado que no sólo bostezamos cuando nos vamos a dormir, sino también al despertarnos.  Según los autores de la teoría, la temperatura del cerebro aumenta al atardecer gracias a nuestro reloj biológico y se reduce al mínimo mientras dormirmos. Al despertar, nuestro cerebro vuelve a calentarse – como un ordenador al arrancar- y de ahí que comencemos el día con tres o cuatro bostezos.

Aunque esta hipótesis resulta bastante prometedora, aún hay muchos aspectos del bostezo a los que no da explicación. Por ejemplo, si la función de temorregulación es la razón de ser, ¿por qué animales de “sangre fría” como los reptiles o los peces también bostezan? Y la pregunta del millón ¿por qué cuando vemos a alguien bostezar, inmediatamente sentimos cómo empezamos a hacerlo también nosotros?  ¿Cómo es que los bostezos son tan contagiosos? Eso da para otro artículo, así que lo dejaremos para una próxima continuación. Mientras, id contando las veces que habéis bostezado al leer este post. 😉

Imagen: © Lars Zahner – Fotolia.com

 

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El sueño recordar los sueños

¿Por qué no recordamos los sueños?

07/03/2013

La mayoría de las veces no recordamos lo que soñamos. Hay quien dice que los sueños no son más que imágenes que se forman en nuestro cerebro durante la noche para poder resolver conflictos internos a los que no hemos tenido valor de enfrentarnos conscientemente durante el día. Según parece, al dormirnos bajamos la guardia permitiendo que el subconsciente nos proporcione las ansiadas respuestas que andábamos buscando, más allá del alcance de toda lógica.

Otros, en cambio, aseguran que no solemos recordar lo que soñamos porque la memoria está tan ocupada construyendo un sueño que, al final, se olvida de almacenarlo.

Sea como fuera, lo cierto es que una persona antes de entrar en las fases del sueño más profundas, las conocidas como sueños de ondas lentas, suele presentar cuatro o cinco períodos de sueños cortes (muy cortos al principio de la noche y más largos hacia el final), conocidos como sueños REM.

La duración de uno de estos sueños oscila entre 90 y 120 minutos en los adultos (y alrededor de 8 horas en los niños). Numerosos estudios han demostrado que es muy habitual despertarse unos pocos segundos antes de que se terminen unos de estos sueños, que es cuando se presentan la mayoría de las ensoñaciones (sueños oníricos).

 Si nos acercásemos a estas personas en ese preciso instante podríamos observar como durante esta fase sus ojos se mueven con rapidez, ya que la actividad de las neuronas del cerebro es parecida a cuando la persona está despierta. En ese preciso momento, si les preguntásemos, probablemente recordarían lo que acaban de soñar. Pero, si les dejásemos volverse a dormir hasta la mañana siguiente, ya no se acordarían de nada (salvo que se lo propusiesen) porque los sueños no quedan archivados en la memoria.

porque no recordamos los sueños

Durante el sueño de ondas lentas nuestro consciente desaparece para dejar paso a nuestro subconsciente. Durante esa fase no existe el tiempo, ni el espacio ni la lógica. Podemos soñar que vivimos en otra época, que estamos en otro país y que, por ejemplo, somos otra persona. Para saber por qué soñamos, habría que profundizar en el conocimiento sobre la relación entre el consciente y el subconsciente.

Existen algunas terapias a través de las cuales los psicólogos recomiendan a sus clientes dejar en su mesilla de noche lápiz y papel para apuntar, nada más despertarse lo que acaban de soñar y, así, poder ayudarles analizando lo soñado. Con eso y todo, sólo recordarán lo soñado de forma parcial.

Es importante ser conscientes de que las percepciones que tenemos durante un sueño son distintas a las del mundo real. Algunas llegan a adquirir una carga emocional tan importante que son capaces de despertarnos sobresaltados (pesadillas), aunque si nos volvemos a dormir, probablemente a la mañana siguiente no las recordemos.

Si nos volvemos a dormir enseguida, es posible que a la mañana siguiente no recordemos una pesadilla

Eduardo Punset asegura que:

“Durante los sueños el cerebro utiliza una buena parte de la energía consumida para reordenar y clasificar las memorias y recuerdos acumulados durante el día. Cuando dormimos, el cerebro amaina un poco su actividad pero muy poco: sigue consumiendo un 80% de su energía disponible”.

De lo que no cabe la menor duda es de que durante la vigilia en las personas predomina la energía magnética positiva estimulante y excitante y, durante el sueño, la energía negativa capaz de eliminar mediante los sueños el estrés y la ansiedad.

Las ensoñaciones se presentan al principio y al final de la noche

Por: Almudena Pérez -Minguez

Imagen: © vladgrin – Fotolia.com

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El Insomnio insomnio y ansiedad

Ansiedad e insomnio

23/07/2012

Si para Marilyn Monroe, los mejores amigos de una chica son los diamantes, para la falta de sueño o insomnio, el amigo del alma,  es sin duda la ansiedad. Juntos forman alianzas inquebrantables, dúos de corazón complementario, como Batman y Robin,  Jack Lemmon y Walther Matthau o Simon & Garfunkel. Ansiedad y falta de sueño son como la pescadilla que se muerde la cola o el huevo y la gallina. La ansiedad no te deja dormir, y dormir mal alimenta la ansiedad. Una espiral sin fin de la que los afectados intentan escapar infructuosamente y no siempre lo consiguen fácilmente.  La pregunta clave es, entonces, ¿se puede salir de ahí? Afortunadamente sí se puede, aunque hay que trabajar en ello. No es fácil aprender a calmar los nervios, como tampoco lo es manejar el nivel del estrés en el frecuentemente nos encontramos inmersos. Pero si aprendemos a rebajarlo – y a relajarnos- estaremos en el buen camino para combatir la ansiedad.

Todo el mundo ha sentido alguna vez aquello que popularmente llamamos ansiedad. A pesar de ser un término de uso clínico, habitualmente lo utilizamos  como palabra comodín  cuando nos sentimos agobiados o sufrimos estrés. Sin embargo, los verdaderos transtornos de ansiedad requieren una visita al médico para su diagnóstico y prescripción del tratamiento más adecuado. Y es que la ansiedad tiene muchas caras y  puede expresarse de maneras diferentes según cada persona.

Cuando hablamos de ansiedad en el sentido más cotidiano, casi parece connatural al mundo en que vivimos; no hay más que echar una ojeada a las gentes en las calles de cualquier gran ciudad. Nuestra vida parece transcurrir a toda la prisa, y nosotros parecemos correr en pos de ella, sin nunca pararnos a saborearla.  Como decía John Lennon, “La vida es lo que pasa cuando estás ocupado haciendo otros planes”.

El primer paso para lograr que esa ansiedad no nos quite el sueño, y acabe produciéndonos insomnio, es sin más ni más, tomarnos las cosas con calma. Un cambio de actitud puede ayudarnos a complementar cualquier tratamiento para la ansiedad. Siendo conscientes de que no es nada fácil, también debemos saber reconocer que vivimos sumergidos  en la angustia del tiempo: todo tiene que ser rápido, ahora, ya, o no vale. El término paciencia parece pasado de moda. “Perder el tiempo” es un señor muy nombrado, con  muy mala reputación, y del que nadie quiere ser amigo,  y como bien sabían los hombres grises en la estupenda novela de Michael Ende, Momo,  el tiempo es oro.

Reaprender a gestionar bien nuestro tiempo y sobre todo, a saber parar y darnos cuenta de que no estamos respetando nuestro propio ritmo, es una tarea que requiere dedicación, pero que puede ayudarnos a reconectar.   Las técnicas de relajación pueden ser también un buen aliado para manejar el estrés y liberar tensiones mentales y físicas. Y sobre todo, de vez en cuando  es recomendable concederse un ratito a nosotros mismos y pararse a mirar en el escaparate de nuestra vida. Sólo con esto, estaremos dando un pequeño paso para combatir la ansiedad que nos desvela, y no nos deja dormir.

Foto: betsyweber en Flickr

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Consejos para dormir siesta en la hamaca

Consejos para dormir bien en verano

16/07/2012

¿Dormir mejor en verano que en el resto de las estaciones del año, es una utopía? O mejor dicho, ¿acaso es posible dormir bien en un verano caluroso, o es una leyenda urbana, como aquella de los cocodrilos que se paseaban por la alcantarillas de Nueva York?

Las altas temperaturas típicas de la temporada estival nos traen a más de uno de cabeza, y vuelven a nuestro sueño loco, loco. Si a esto le añadimos que si estamos de vacaciones quizá hayamos abandonado con alegría los madrugones y nos hayamos entregado al noctambulismo desenfrenado, los hábitos de sueño regulares que hemos ido construyendo durante el año se habrán ido también a tomar algo, y eso de dormir se vuelve mucho más difícil de lo que parece. Y es que a muchos  nos encanta  decir aquello de “un poquito más” y robarle un ratito al despertador, pero en materia de  sueño, conviene, como diría Guardiola, levantarse temprano, pero que muy temprano.

Dejando de lado símiles futbolísticos, para dormir mejor en verano podemos seguir una serie de consejos orientados a ahuyentar el insomnio, al que le encanta aprovechar los calores para cogernos por sorpresa ycolarse en nuestra fiesta sin invitación.  El objetivo de estos consejos es ayudar a nuestro cuerpo a prepararse para el sueño incluso en ambientes hostiles como los de las noches tórridas de julio y agosto, y intentar no entrar en la espiral ansiedad -insomnio que  puede  convertirlas en pesadilla.

Clave 1: Acondiciona tu dormitorio

Es importante que el lugar en el que vayamos a dormir sea cómodo y confortable, y eso incluye que no haga ni demasiado frío ni calor. Nuestro cuerpo habitualmente baja su temperatura cuando se prepara para dormir, pero esto es complicado en las noches en las tenemos la impresión de estar en un enorme horno, y es la razón por la cual nos cuesta conciliar el sueño. La solución es fácil si tenemos aire acondicionado: fijarlo entre 22 y 25 ºC es lo más adecuado, ya que por encima de los 26 grados la calidad del sueño disminuye.  Si no tenemos aire, podemos pensar soluciones alternativas para que nuestro dormitorio esté lo más fresco posible: bajar las persianas durante las horas en las que más pega el sol y ventilar bien al atardecer. Un ventilador estratégicamente orientado también puede ser un buen aliado en las noches más calurosas. Colocar un barreño con agua y hielo delante nos puede proporcionar la brisa fresquita que anhelamos.

Clave 2: Refréscate

Una ducha templada un rato antes de ir a la cama puede ser de gran ayuda. No te duches con agua completamente fría, puede ser contraproducente: se trata de refrescarse, no de despertarse!  También es buena idea tener en la mesita de noche un vaso de agua helada, como remedio de emergencia cuando te despiertes acalorado. O puedes probar a echar pequeñas siestas al fresco, por ejemplo en una hamaca. Y si eres tan afortunado de tener terraza, una noche al raso puede salvarte del insomnio.  Hay remedios para dormir bien en verano aún más curiosos, como el conocido como “método egipcio”, que se trata simplemente  de taparse con una sábana o toalla húmeda. pero con este método de lo que puede que no te salves es del resfriado.

Clave 3: No des vueltas

Cuantas más vueltas des, más calor vas a sentir. La cama absorbe el calor de tu cuerpo y acabarás bañado en sudor y lo que es peor, lleno de ansiedad y nervios. Evita dormir boca abajo y el uso excesivo de almohadas y si eres de los que necesita taparse, que sea con sábanas de algodón, y dejando los pies fuera. La mejor postura para dormir mejor cuando hace calor es de costado, porque una menor superficie de tu cuerpo tendrá contacto con la cama.

Y tú, ¿nos cuentas  tus trucos para dormir bien en verano?

Foto: Anoldent – Flickr

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